Blog

Otros tiempos…

Otros tiempos…

Quizás en algún momento vuelvan aquellos días donde se respetaba el trabajo y el oficio. Quizás vuelvan esos días donde volvamos a pasar de puntillas, alejados de plumillas hirientes y artículos egocéntricos. Ojala esos que escriben sin la sabiduría que ofrece el conocimiento de la causa, pasen de largo y dejen de rellenar espacios en blancos con el recurrente gremio. O en su defecto, dejen de darle protagonismo a lo extraordinario, en lo ordinario de nuestros días.

Quizás… quizás.

Son tiempos donde la cantidad devora la calidad. Y como en todo grupo colectivo que se precie dentro del órgano de gobierno de cualquier hermandad, habrá de todo. Incluso bobos que sobran en nuestro mundo, claro que si, como sobran en juntas de gobiernos, en grupos de diputados de tramos, en grupo jóvenes, hasta de las filas nazarenas… por indecorosos comportamientos.

Pero no, aprovechan al impresentable de turno para darle carácter de generalización, y con ello, un atentado contra la pureza y la génesis de lo que es sentir en costalero. Triste y lamentable…

No seré yo quien repita lo tanto leído y soportado, escuchado y visto, no seré yo quien repita las vejaciones a las que nos hemos visto sometidos en multitud de ocasiones, a veces con razón, pero  por culpas de tres desarmados que no representan a nadie y que tanto atentan contra los valores reales de este apasionado mundo del costalero, y en virtud de esa minoría hacerse eco en medios de prensa, blog, etc, para mediatizar la verdadera dimensión de todo un colectivo, lo que viene siendo, hablar por hablar… sin propiedad, sin respetos, sin consideración, y rellenar editoriales.

Por lo tanto, y hablando en mi propio nombre, sin sentirme portavoz de nadie, solo de mis sensaciones y circunstancias, reivindico el conocimiento como fuente de respeto y medio para devolver los valores a un colectivo que merece la pena, a un colectivo siempre presto al servicio de la hermandad, a un colectivo donde las hermandades saben que juegan a caballo ganador, los que nunca fallan, los que siempre están. Un colectivo generoso, fiel a sus principios, participativo, de grandes valores y actos donde la caridad cristiana seguro que si se siente muy orgullosa de estos hombres.

Un colectivo donde la infinita mayoría de sus cosas no trascienden ni saltan a los medios, pregunten en  las mayordomías, pregunten…  y se sorprenderán.

Quiero a costaleros con oficio, a costaleros que saben sufrir y fajarse con los kilos, los pasos los llevan, y sobre todo, los traen, los costaleros. Esos que los capataces quieren y desean, y buscan, aquellos que te ofrecen la garantía del trabajo, esos que velan por la salud de tu espalda, incluso de tu vida, aquellos que no saben de papeles ni relevos, esos que son hombres honrados con el compañero, los que viven en costalero y sienten como tal.

Los demás… pues como pieza literaria para multiplicar palabras que tocan las fibras más sensibles, perfecto, pero, la realidad es otra, los pasos los llevan costaleros con la única compañía de la raza, el poder, las ganas, el oficio, la afición, la honradez y la casta, y si además, y lo doy por obviado, la devoción, el engranaje perfecto.

Flaco favor le hacen a esa figura del hermano que no está capacitado para ello y que veneran en artículos diarios… flaco favor a esos ilusionistas de sueños que invocan que solo por el hecho de haber nacido en la hermandad, de sentirla como tuya y de ser hijo de tal, o de cual, reclaman un sitio debajo de las trabajaderas.

No se olviden, los costaleros no somos frikis, o tal vez si, allá cada cual, en cualquier caso, no nos  van a ofender, los costaleros somos hombres de hermandades, somos cristianos comprometidos, pertenecemos a juntas de gobiernos, vamos los domingos a misa y estamos al servicio de la Iglesia. Y además, corren por nuestras arterias una afición desmedida que soportamos con la carga de la devoción, sí, afición, y sí, devoción. No se alarmen, no se flagelen, sin la afición, muchos costaleros no hubieran experimentado nunca la devoción, créanme. Las hermandades, la Iglesia, siempre tuvieron entre sus costaleros, una cantera de buenos cristianos, no lo duden.

Yo soy un afortunado, y privilegiado. Tuve el inmenso honor de aprender al lado de buenos hombres, de buenos costaleros. Tuve el orgullo de vivir una época, siendo un niño, donde solo me limitaba a escuchar y aprender, a respetar las palabras del viejo, a exprimir sus experiencias, aprendí que siempre hay que ser fiel a tu capataz, y honrado. Y sigo aprendiendo, en este oficio no dejas de aprender cada día. Incluso de los más jóvenes.

Y de mi devoción y mi fe ya me encargo yo de alimentarla y afianzarla en Cristo y en su bendita Madre, no me vengan con demagogias, que tengo mis principios cristianos muy definidos y muy claros.

Eran otros tiempos… los míos. Y no cambio estos tiempos por ninguno anterior, atrás quedaron fatigas y malos ratos, imposibles en nuestros días, la juventud ha traído nuevos valores y está muy bien representada, pero, aquel pozo tenía un aire distinto, muy distinto… muy puro, muy de verdad.

Y lo mejor de las cofradías, los amigos.

Con todos mis respetos.

 

EGO SUM

Siempre.

“YO SOY” todo tuyo. 

 

(Fotografía Victor González)

  Miguel Ángel Oliver