Madre del Museo

«Éste es mi testimonio, el de alguien que pasaba por aquí y vino para quedarse.»Quedémonos en el todo sin nada. Pasemos del llanto a la más hermosa de las sonrisas.

No me quedan manos para acariciar el dolor, tan solo tengo mi ser; fruto de tu misericordia, nuestro arrepentimiento; consecuencia de la Victoria de la Fe.

El tiempo continúa para asombro de muchos, santiguándose ante lo que vendrá; siempre a tu lado, nunca calla sin permiso del alguien que lo quiera.

Recordemos las lunas sin parasceve , tardes sin más sombra que la tuya; velando nuestro bienestar ,luces y sombras jugueteando con la oscuridad sin miramiento; corazón caritativo clama piedad para el pecado hasta en la más terrible tragedia…

Miradas tan divinamente humanas que todo lo demás es un mísero hilo tejido en el olvido del tempus fugit que guarda la compostura de un sueño que aviva la Esperanza de despertar con el más dulce beso en la memoria añeja de la esquina que le rodea la vida serpenteantemente abrumadora para los sentidos que caen en la más absoluta y bendita de las locuras que jamás encontrarás.