«Nos sentimos olvidados, una vez que el Señor abandone el barrio, todo volverá a ser como antes»

Juan García (su nombre se ha desbordado en las tintas virtuales de los periódicos locales) guardará para siempre en su memoria y en sus labios el privilegio de poder decir que, durante unas semanas, tuvo al Gran Poder a unos palmos de su vivienda. Frente a frente, cara a cara, descendiendo unas escaleras desgastadas por el peso de la humildad y el alimento, y apoyándose en las paredes desconchadas del olvido. Sin saberlo, desde aquel ventanuco de su bloque de pisos, estaba abriendo el corazón de toda su vida al resto de la ciudad, de Andalucía y del planeta. Porque, precisamente, guardando las espaldas de su corazón, el pasado sábado Juan se asomó con buena parte de su familia a esperar al Señor de Sevilla, de toda Sevilla, no solamente la que recorre cada Madrugada del Viernes Santo, que supone un mínimo porcentaje del territorio que abarca la devoción al Señor. Nos acercamos, más aún, a la figura de Juan, a su vida, a la problemática del barrio y a todo cuanto supone, para Los Pajaritos y para sus vecinos, la visita de Jesús del Gran Poder a la zona más pobre y maltratada del país.

-Es todo un placer recibir su predisposición y su simpatía. ¿Cuál es su vinculación con el barrio de Los Pajaritos? ¿Cuánto lleva viviendo ahí y dónde se asientan sus raíces?

Yo soy nacido en Sevilla y nacido en el barrio de los Pajaritos. Mis raíces comienzan desde pequeño en el barrio de San Bernardo, y me vine a este barrio con año y medio.

-¿Cómo ha cambiado su vida en el barrio con el paso de los años?

Mi vida de lo que era mi barrio a lo que es ahora necesita un poco de atención política y educación cívica a la juventud.

-No me resisto… ¿Cómo se vive todo un confinamiento de mes y medio en una vivienda y un barrio como el suyo?

Pues imagíneselo… En una vivienda de 55m cuadrados, que es la medida estándar de las viviendas del barrio, donde pueden llegar a vivir seis o siete personas…

-¿Abandonaría, alguna vez, el barrio de Los Pajaritos?

Ahora mismo no, no lo cambiaría por ningún sitio.

-¿Quién es la persona que, en blanco y negro, recibe también al Señor a su lado?

Mi madre.

-¿Qué relación tiene usted con el Gran Poder, y qué significa el Señor a partir de ahora?

Para mí es lo más grande, no porque lo lleve en la sangre, sino porque mi madre era tan devota del Señor del Gran Poder que me ha transmitido con el paso de los años el fervor, la fe que ella tenía por ese Cristo y para mí es lo más grande ahora mismo.

-¿Dónde guarda habitualmente esa fotografía que ya forma parte del imaginario de toda la ciudad?

La tengo guardada en una vitrina donde están las imágenes del Cristo de la Sed, en fotografías muy lindas, ya que mi hermano tiene relación directa con la Junta de la Sed. Están todas las fotografías juntas.

-¿De cuándo es la fotografía que sostiene en la mano cuando llega el Señor?

Es del día de mi boda, mi madre fue la madrina.

-¿Dónde están ustedes ubicados en el momento que llega el Señor? ¿Es su vivienda, o un descansillo de las escaleras?

Estábamos justamente enfrente a la entrada de la parroquia, que es el bloque de pisos donde vivimos. Es un descansillo, correcto.

-¿Cómo prepararon ese día? ¿Se reunieron antes para esperarlo, alguna celebración especial…?

No, ninguna celebración anterior. Solamente cité a mis hijas, nietos y personas allegadas a nosotros, esperando justo el momento sublime de ver la imagen del Cristo del Gran Poder.

-¿Ha vuelto a visitarlo después de su llegada el sábado?

Sí, varias veces.

-¿Qué espera usted, en primer lugar de la visita del Gran Poder a su barrio? ¿Qué puede aportar su presencia?

Puede aportar una serie de cosas. No solamente ha hecho avivar la fe de estas vecinas que estaban deseando de verlo aquí después de tantísimos años, desde el año 60 que visitó San Juan de Dios, y que vuelva ahora a Los Pajaritos y Santa Teresa, Las Candelarias… El fervor que va a tomar el barrio aparte del cariño que ha tenido de todos los vecinos y todas las personas mayores que aún viven y son devotas del Gran Poder, no es un milagro, es algo más que un milagro.

-En estos últimos días, se han producido varios tiroteos en el barrio, probablemente ligados a las organizaciones narcotraficantes. ¿Para solucionar esto hace falta algo más que la visita del Gran Poder? ¿O es un problema difícil de erradicar?

Yo creo que hay que diferenciar bastante los grupos. Las personas de fe, sentimiento, que viven en el mundo con educación, no tiene nada que ver con la fama que está tomando el barrio en algunos sectores de la zona.

-La Hermandad del Gran Poder ha dispuesto un amplio grupo de voluntarios que se encargarán de resolver una serie de necesidades de los vecinos del barrio. ¿Son estas iniciativas las que pueden traer algo más de paz, serenidad y esperanza a su barrio? ¿Es aquí por donde debemos comenzar?

Como ya he dicho en otras emisoras, lo que necesitamos es atención de los políticos y de los servicios de asuntos sociales.

-El Gran Poder ha visitado antes su barrio que varios de los últimos representantes políticos de esta ciudad. ¿Qué mensaje quiere transmitirles? ¿Se han sentido olvidados?

Nosotros nos sentimos olvidados, por supuesto que sí. Una vez que el Señor abandone el barrio, volverá a ser lo que era. Carreras de coches, motos, peleas, botellonas… Habrá de todo. Ahora mismo lo que quisiéramos es que se quedara aquí con nosotros. Desde que está aquí ha cambiado todo por completo.

-Conforme llegaba el Gran Poder a Los Pajaritos, algunos vecinos que recriminaron la presencia de otros sevillanos que nunca habían estado en el barrio ni se habían preocupado por la situación del mismo. ¿Entiende o comparte este comportamiento?

Yo no conozco ningún comportamiento así, todo lo contrario. Se comenta y se dice que cuando fue aplaudido hubo algunos signos de silencio, pero es incierto, solo aplausos respetuosos de impulso.

-En nombre de su barrio, ¿qué podemos hacer nosotros, los medios de comunicación, por ustedes? ¿Nos estamos quedando en lo superficial de esta Misión y solo transmitimos una realidad edulcorada?

Según lo quieran tomar con más iniciativa o menos, los medios son la voz del pueblo. Dependiendo de lo que se diga es la única forma de que la gente se conciencie. Tenemos que tener educación, y más asistencia de servicios sociales a los necesitados, y eso supone que los políticos se impliquen. De ese modo, el barrio cambiará a mejor.

-En la fotografía que se ha viralizado aparecen también sus nietos y su yerno. ¿Confía en que, entre todos, podamos brindarles un futuro próspero e ilusionante?

Yo creo que sí. Toda mi familia que estaba en las plantas del bloque… Claro que sí, el sábado estábamos todos con las lágrimas saltadas, y aún más cuando se ha hecho viral la fotografía de mi madre.  Ya veremos qué ponemos en ese mismo sitio donde colocamos la foto de mi madre este sábado cuando vuelva a salir el Señor

-Por último, ¿qué espera que sea su barrio el día 5 de noviembre, cuando el Gran Poder regrese de los Tres Barrios dirección a la Catedral? ¿Le preocupa que esta Misión quede en vano?

No. El recuerdo, el cariño, el afecto y la fe que ha dejado serán muy difíciles de olvidar, al contrario. Muchas personas van a visitar aún más la Basílica de San Lorenzo.

-¿Qué le pide al Señor del Gran Poder?

Le pediría de todo. Salud para todo el mundo, paz que es lo que necesitamos, y sobre todo una fraternidad entre todos los cristianos y los que creemos en estas imágenes que solamente con verlas se nos saltan las lágrimas.

 

(Fotografías Carlós García Lara y Andrés Góngora)

Santi Álvarez presenta su candidatura a Hermano Mayor de la Macarena

Santiago Álvarez presentó oficialmente su candidatura a Hermano Mayor de la Macarena este pasado viernes ante los medios de comunicación locales. El acto, que tuvo lugar en el Hotel San Gil de la calle Parras, contó con la presencia de numerosos profesionales de la información y de varios hermanos que acompañarán al candidato durante este mes y medio de difusión y divulgación del programa.

Tras inaugurar la página web oficial de la candidatura unas horas antes de la presentación formal, fue Pablo Ledesma, candidato a Mayordomo de la Esperanza, el encargado de desgranar en formato digital los principales puntos del proyecto, dividido en cinco ejes diferenciados (hermano y vida de hermandad, patrimonio, cultos, formación y caridad), haciendo especial hincapié en que todas las propuestas que reciban de los hermanos serán “analizadas y estudiadas”, y que los puntales principales de la candidatura serán la cercanía y la participación.

Posteriormente tomó la palabra José González, Candidato a Teniente de Hermano Mayor, que en su intervención abogó por gestionar, simultáneamente, “sentimientos y recursos, sin métodos fríos ni calculadores y ejerciendo la caridad en silencio y de manera invisible”. Finalmente, fue el candidato a Hermano Mayor, Santiago Álvarez, quien quiso exponer las motivaciones que le llevan a presentarse de nuevo al cargo y encabezar el proyecto. Recordó, en primer lugar, la altísima participación de hermanos que votaron a favor de su candidatura en las elecciones de 2017 (casi mil setecientos), y tras cuatro años observando el funcionamiento de la Hermandad “desde fuera”, consideró necesario acudir de nuevo a las urnas con “ganas de trabajar, ofreciendo un modelo válido que siempre ha funcionado en la historia de la Hermandad y cambiando la dinámica actual” de la corporación.

Con especial énfasis trató el apartado del culto externo. “Lo más importante es la devoción, y el culto externo no es algo accesorio: es el fin fundamental”. Por ello, una de las propuestas más sonadas de su programa ha sido la intención de realizar un Vía Lucis externo con la Virgen de la Esperanza por las calles del barrio cada 30 de mayo, en vísperas del aniversario de la Coronación de la Virgen, tras la pertinente reforma de Reglas que también pretende esta candidatura.

Por último, y tras detallar la biografía macarena de cada uno de los hermanos que le acompañan en este proyecto y que ocuparán los diversos cargos, Santi atendió las preguntas de los medios de comunicación: prometió anunciar próximamente el nombre del equipo de capataces que estarían al mando de los pasos de la cofradía, alabó el crecimiento de la banda de la Centuria y se reservó la opinión y el posicionamiento de la candidatura respecto a los restos de Queipo de Llano: será la justicia quien deba tomar cartas en el asunto.

Las elecciones se celebrarán el próximo 14 de noviembre en la Basílica de la Macarena, y el lunes 4 de octubre finaliza el plazo de presentación de candidaturas.

La Esperanza es para los rebeldes

Apenas veinte años de diferencia distan de la publicación de dos libros que, a su manera, se definieron posteriormente como hitos literarios del pasado siglo XX. Sus dos autores, europeos, comprometidos con su tiempo, intelectuales admirables, críticos y consternados por la presencia de los totalitarismos y la guerra, recogieron en sus manuscritos una realidad social y política que defendieron hasta sus últimos días.

En 1927 ve la luz Momentos estelares de la humanidad, una serie de miniaturas históricas noveladas que Stefan Zweig consideró definitivas conforme al porvenir de la existencia humana sobre la Tierra. En cada uno de los capítulos, que obedecen a un rigurosísimo orden cronológico, el vienés no solo se detiene en el acontecimiento como tal, sino que estudia y examina (apoyado en la imaginación) los pensamientos y las decisiones que los personajes protagonizaron, con feliz resultado en algunas ocasiones, o funesto y trágico en otras, en un instante exacto e irrecuperable de nuestra historia. También se detiene, con su académica elegancia narrativa, en describir paisajes y enclaves emblemáticos de nuestro mundo que hoy día nos resultan insultantemente familiares y cercanos pero que, en aquellos tiempos, la humanidad ignoraba su existencia.

Dos años después de la finalización de la II Guerra Mundial, la editorial Gallimard publica en Francia la novela La peste. Ambientada en Orán, el narrador se presenta como cronista/testigo de lo sucedido durante un año en la ciudad mediterránea: ni más ni menos que una epidemia de peste bubónica. Valiéndose de los actos y disposiciones de los personajes que están involucrados en la trama, Albert Camus (su autor) reflexiona sobre varias cuestiones filosóficas: el sentido de la existencia cuando Dios desaparece, la moral universal que quiebra y se diluye, el descubrimiento de la solidaridad humana y el control imposible sobre las fuerzas naturales.

Sin ánimo de dilatar estas digresiones, en ambos textos se reconocen con claridad ciertas semejanzas con la situación que, por desgracia, hemos y estamos padeciendo.  Desde marzo de 2020, el dichoso virus paralizó nuestras vidas, y sesgó para siempre miles de ellas. Nada ha vuelto a ser igual en nuestras conciencias y nuestra condición de animales sociales. Como aquella puerta de Bizancio que un soldado dejó entreabierta en el libro de Zweig y supuso el final del Imperio romano de oriente, o cómo Grouchy, oficial francés incapaz de obedecer la voz de su destino, se sometió a las órdenes que dictaba Napoleón en la batalla de Waterloo, que conllevó el fatal desenlace de la derrota ante los ingleses, se adoptaron decisiones (no exentas de controversia y polémica) que han marcado nuestro porvenir, y el futuro, inteligente examinador, se ocupará de recriminarlas o aprobarlas, pero es indudable que nos han afectado en nuestros métodos y costumbres.

Como en La peste, ciudades al completo se vieron abonadas a un exilio permanente en que todos fuimos prisioneros del pasado y solo nos atendió la herida de recuerdos estériles. Nosotros, como los habitantes oraneses, nos hallamos en la dificultad de recordar gestos y rasgos de los ausentes (amantes, familias), sin más cercanía que una pantalla iluminada, y lamentábamos constantemente el modo en que se empleaba nuestro tiempo en el pasado. Tuvimos que acostumbrarnos a una monotonía impuesta y discorde, a una estimulación ficticia de nuestras funciones humanas y a una segregación en cuanto al modo de amoldarnos al avance imparable de la pandemia.

Sin embargo, no hay mal que cien años dure, y la esperanza (ese motor camusiano que solo es apto para rebeldes) extendió su manto de calidez y presencia cuando más agotadas estaban las almas. El pasado sábado, en la aérea y suspendida Arcos de la Frontera, nuestra humanidad acaparó otro momento estelar que permanecerá invariable en nuestra conciencia atrofiada y deforme. Claro que no; la decisión de la Hermandad de la Soledad no incide, de ningún modo, directa y decisivamente en el devenir de la Humanidad toda, pero sí en la humanidad nuestra, la más cercana, la de seres humanos que rayan la felicidad en la belleza, estética y atmósfera de una procesión. Es cuestión de evasión dichosa, de reencuentros celebrados con los ojos, de expresión natural sin aditivos impostados. ¿Quién asume la autoridad para indicarnos con qué ser feliz, o por qué manifestarnos, o dónde descubrir la emoción y el sentimiento? El compromiso con la sociedad es perfectamente compatible con la búsqueda de una felicidad pasajera, balsámica y revitalizante.

Los anticipos valientes de Jerez y alrededores eclosionaron en una procesión que, alejada de toda duda, no encuentra comparación: más que por la forma, por el fondo y el contexto. “Si un hombre es capaz de grandes acciones, pero es incapaz de grandes sentimientos, no me interesa”, reflexiona el periodista Rambert en La peste. No hay gran acción que no monitorice un gran sentimiento. Y todo en aquella procesión tomó el carácter de un estelar sentimiento de compromiso con sus deberes.

Apareció el paso de palio, compacto de piedra y tiempo, y todos nos creímos Núñez de Balboa divisando por primera vez el Pacífico sobre las lomas de Centroamérica tras días y días de muerte y soledad; sonó la música como sonó el “Hallelujah” de Händel en la Catedral de Dublín, y los periódicos afirmaban que “ha superado con creces cualquier cosa de esa naturaleza que se haya representado en este o en cualquier otro reino”; así con “Coronación de la Macarena”, con “Campanilleros”, con “La Madrugá”: nada en nuestra humanidad, en nuestra música, nos pareció tan inmenso, vivificador y gozoso como la música procesional en escalada melodiosa sobre la peña de Arcos. La voz del capataz a través de los respiraderos emuló a aquella primera vez en que el Cyrus W. Field transmitió la primera palabra entre continentes gracias al cable telegráfico, venciendo el muro inabarcable del océano; recordamos las almas que abandonaron este mundo y no conocieron la gloria de sonreír el final del camino recogida ya la cofradía, como la tropa del capitán Scott pereció en su afán por alcanzar los 90º grados de latitud, el punto más al sur de nuestro planeta…

¿Quién sabe si, en aquella procesión, se estaba gestando un momento estelar que servirá de base y espejo para el devenir de nuestra humanidad y nuestra felicidad? ¿Quién escribirá sobre el efecto que desmoronó unas puertas cerradas, y que ahora desengrasan sus goznes? “El gran deseo de un corazón inquieto es el de poseer interminablemente al ser que ama o hundir a este ser, cuando llega el momento de la ausencia, en un sueño sin orillas a que solo pueda terminar el día del encuentro”, cierra Rieux, el médico narrador de La peste, En Orán la enfermedad remitió, como remite poco a poco esta pesadilla que le da paso a la luz de un despertar que jamás conocíamos. Aquella tarde de septiembre el sueño encontró la orilla, interpretamos coralmente una felicidad infantil, luminosa, abrasadora, y hubo en nuestro corazón un desbordamiento de alegría que casó, obligadamente, con la prudencia y la responsabilidad.

Precisamente, dice Camus que “la alegría es una quemadura que no se saborea”. Y acordamos todos en no saborearla, en extraer tan solo una milésima parte de sus jugos y sus placeres. Pero nos quemó. Nos quemaron esos ojos enrojecidos de soles propios, nos quemaron las nubes colgadas de no sé qué cielo dibujado diariamente, nos quemaron esos labios salpicados de blanquísimas fachadas y durísimas paredes ajardinadas, como si Dios mismo dispusiera, a su gusto, las flores y las macetas. Nos quemó la alegría de la Soledad. Y nos quemó para siempre.

La Hermandad de Vera Cruz suspende los tradicionales “Juegos Florales”

La hermandad de la Vera Cruz, por segundo año consecutivo, ha considerado oportuno suspender la celebración de los tradicionales «Juegos Florales» previstos para el mes de mayo, a causa de la situación sanitaria que impide celebrar este importante acto para la corporación en la capilla del Dulce Nombre de Jesús con todas las garantías sanitarias.

Se trata de uno de los actos más importantes de la Vera Cruz, con el que recuerda la extinta festividad de la Invención de la Cruz, y asimismo conmemora la fecha de su fundación, hecho que ocurrió el 9 de mayo de 1448.

Por otro lado, al igual que ocurriera en 2020, todos los trabajos ya presentados continuarán custodiados oportunamente, hasta que vuelva a convocarse un nuevo plazo de presentación del concurso poético.

Asimismo, la junta de oficiales ha decidido que José Ignacio del Rey Tirado, abogado y pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2018, siga siendo el mantenedor para la edición de 2022, mientras que la presentación correrá a cargo de Rogelio Reyes Cano, mantenedor de la última edición.

 

José Antonio Oliert se presentará a la reelección en Los Javieres

El máximo representante de la hermandad de los Javieres, José Antonio Oliert, ha comunicado a hermanos, Junta de Gobierno y Director Espiritual la intención de presentar oficialmente su candidatura a la reelección al frente de la corporación del Martes Santo. El plazo de presentación de candidaturas se abrió el pasado 1 de abril, y finalizará el próximo 1 de mayo.

Los comicios se celebrarán, D.m, el próximo 1 de junio de 2021 en las dependencias de la Casa Hermandad, situada en la calle Peris Mencheta. Oliert sucedió en el cargo a Maruja Vilches en las elecciones convocadas en 2017, tras presentarse únicamente su candidatura hace ya cuatro años. La Hermandad, además, se encuentra inmersa en la celebración del 75 aniversario de la bendición de la Virgen de Gracia y Amparo en este 2021.

De Sevilla a toda Europa: “Parasceve”, el largometraje de la Semana Santa del siglo XXI

A falta de una semana escasa de alcanzarla con los ojos, su evocador nombre se traslada para siempre a la gran pantalla. “Parasceve”, el nuevo y ambicioso proyecto cinematográfico de la Semana Santa, se presentó ayer en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.

La película está dirigida por Hilario Abad, joven sevillano que cursó sus estudios en la antedicha facultad y que fue aprendiz de Carlos Colón, de ahí los “muchos paralelismos entre “Semana Santa de Sevilla” de 1992”. La idea principal de largometraje es transmitir el transcurso de la celebración en orden cronológico, pero incluyendo tanto sensaciones, ambientes e impresiones del público y de los fieles. Además, ha sido rodada durante esta última década en cada Cuaresma y Semana Santa, y los asistentes pudieron visualizar un avance en exclusiva.

En palabras del autor, “la cámara emula el ángulo de visión de una persona que vive la Semana Santa de Sevilla, y se mezcla entre la gente. El tratamiento sonoro intenta aislar los detalles y potenciarlos, separándolos del ruido ambiente para reforzar la imagen”. Al igual que en 1992, no existen diálogos ni narraciones en off: todo por y para el ambiente.

Francisco Javier Torres Simón, compositor y profesor de la Facultad, ha sido el encargado de componer la banda sonora de la película, y la Banda Sinfónica Municipal de ejecutarla. Por lo tanto, la música cuenta también con un papel fundamental, puesto que el objetivo es «poner en valor al músico de bandas y crear con una formación típica de nuestra Semana Santa, una música muy cinematográfica».

Se espera que, para el otoño, pueda visualizarse y disfrutarse en los cines tras un largo recorrido por todo tipo de festivales.

La Vera Cruz celebra solemne triduo a la Virgen de las Tristezas

Durante los días 6, 7 y 8 de diciembre, del año del Señor 2020, tendrá lugar la celebración del triduo a la Virgen de las Tristezas en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús.

Los actos darán comienzo todos los días a las 12:15 horas, horario matinal de mayor flexibilidad para facilitar la asistencia de los hermanos, siendo el encargado de ocupar la sagrada cátedra el Rvdo. Padre. D. Alfredo Morilla Martínez. Además, el domingo día 6 se homenajeará a los hermanos con 25 años de antigüedad en la hermandad.

El martes día 8, festividad de la Pura y Limpia Concepción de María Santísima, celebrará la corporación Solemne Función Religiosa.

Tras las nuevas medidas adoptadas a nivel civil y eclesial la hermandad ha estimado que prevalezca la celebración de la eucaristía y que el acto devocionario de la Virgen se suspenda hasta que las circunstancias sanitarias lo permitan. Por tanto, queda suspendido el besamanos a la dolorosa de Illanes. A tales efectos, el aforo de la capilla sigue limitado en base a las regulaciones actuales.

Para seguridad de todos, “insistimos en la responsabilidad del cumplimiento de las medidas de protección previstas. Agradecemos tu comprensión en las presentes circunstancias”

Fernando Vaquero para pintar la nueva luz de la Semana Santa

A lo lejos, todavía muy a lo lejos (como no puede ser de otra manera) parece vislumbrarse ciertas luces de optimismo y esperanza gracias a los avances de la ciencia y la investigación. Con mesura, cautela y recuerdo a las miles de personas que no volverán a ver jamás una Semana Santa (ni a sus familias, huelga decirlo), en Cinturón de Esparto se ha querido, humildemente, contribuir a acercar la normalidad que todos anhelamos, si bien estará marcada para el resto de nuestros días por este año fatídico.

En 2021, probablemente, volvamos a conmemorar (que no a celebrar) la Semana Santa, con muchas más libertades que la pasada primavera. Ya ven, no hay dos años iguales. Bien porque cambian los ojos, porque cambian los tiempos, porque cambia el mundo. Estamos asistiendo a unas horas fundamentales en la historia de nuestro planeta, que ve desfigurarse su sistema global y social. Por eso, el cartel de prolífico Fernando Vaquero tiene la ardorosa misión de anunciar lo que será pero no será del todo.

En estos últimos meses todos sus carteles han cobrado vida: el cadáver sagrado de Carmona, solo, sin más compañía que la penitencia de no despedirse; el de Marchena, donde todo polvo y toda ausencia han sido la trágica reseña de un día a día agotado de monotonía; el de la Esperanza envuelta en oscuridad sin más luz que la luna de su rostro. El de la Angustia (quinta, sexta, miles) buscando explicaciones, respuestas, claridades a la par que recoge la sangre reseca de una Semana Santa nunca existida.

La nostalgia (en mayor o menor medida) es nuestro frágil alimento cerradas ya las puertas de Santa Marina. Ahora bien, la  nostalgia cercana, en tiempo y espacio, es la que se nos revela en nuestras muchas veces imaginadas proyecciones. ¿Qué nostalgia recrear, de qué nostalgia servirse cuando todo ha sido sino galerías, escaleras, televisiones, ausencias? ¿Qué escribir, qué pintar, qué soñar si no se han sembrado nostalgias, sino extrañezas y miradas al vacío?

Más que su técnica (incuestionable) aguardamos su equilibrio, su profesionalidad, su templanza, su mensaje. ¿Cómo será la nueva Semana Santa de Fernando Vaquero? ¿Cómo fue la de 2020? ¿Qué ha sido de su vida, de su memoria, de su propio tiempo? ¿De su propia historia?

Nadie sabe dónde estaremos en febrero, marzo, la próxima primavera, parafraseando a Manuel Molina. Solo albergamos la esperanza de poder anunciar, de poder vivir, de poder respirar el claro mediodía del Domingo de Ramos. Solo esperamos el cartel de Fernando Vaquero, puerta entreabierta por la que se deslizará la luz del amanecer, de otro nuevo nacimiento de la Semana Santa de Sevilla.

Evolución cronológica y estética del misterio de Jesús Despojado

La entrañable (y sufrida) hermandad de Jesús Despojado siempre se ha visto doblegada a multitud de vicisitudes históricas e institucionales. A lo largo de su aún breve singladura, que apenas cuenta con un siglo de existencia, siempre ha estado presente la necesidad de sobreponerse a los vaivenes de las dificultades (el embargo de los pasos, la Junta Gestora tras los desórdenes de la Semana Santa de 1942 y la consiguiente retirada de Reglas…)

Hoy día la Hermandad es un auténtico referente en el Domingo de Ramos, y goza de una espléndida salud, asegurándose un porvenir provechoso y lejos ya de aquellos primeros años de la década de 1940.

En este artículo, tomando como guía el libro “La Hermandad de Jesús Despojado. Historia y Patrimonio”, coordinado por Carlos Romero Mensaque y con la participación de Jesús Luengo Mena, y Rafael Aranda Barrionuevo, abordaremos la evolución del paso de misterio de Jesús Despojado, que detalladamente se desarrolla en el citado libro.

La primera salida procesional de la Hermandad, que se produce en el año 1941 y con un solo paso, se realiza desde la iglesia de los Terceros, actual sede de la Hermandad de la Cena. Por aquel entonces, la Hermandad residía en la capilla servita de San Marcos, desde donde era imposible realizar la maniobra de salida por las reducidas dimensiones de la puerta. Era Domingo de Ramos, y en el misterio aparecía Jesús Despojado con cuatro figuras: un soldado romano y tres sayones judíos. Uno de ellos ofrecía vinagre en una esponja, otro procedía a desnudar al Señor y otro cavaba un agujero para situar la cruz. Todas estas imágenes son obra de José Sanjuán Navarro. Jesús Luengo Mena afirma que “presenta algún anacronismo, pues la escena no se corresponde con ningún relato evangélico. El pasaje de la esponja solo se recoge en San Juan (Jn 19,29), con Cristo ya crucificado”. Las imágenes, posteriormente, son cedidas por José Laborde a la Hermandad, cuando se reorganiza en la parroquia de San Bartolomé en 1958. El paso en sí, la canastilla, fue ejecutado en caoba con tableros de metal, obra de Manuel Casana y con la orfebrería firmada por Andrés Contreras. Hoy día se encuentra en la Hermandad del Prendimiento de San Fernando, en Cádiz.

En 1942, la Hermandad salió el Lunes Santo, con la misma disposición iconográfica, pero con el detalle de que el Cristo ya llevaba los brazos caídos, en posición de recepción y entrega, pues en la primera salida, el brazo derecho estaba flexionado con la mano a la altura del pecho, tal y como lo concibió Perea en 1939, inspirándose en aquel recluso, preso del miedo y la muerte.

En ese año la Hermandad queda suspendida y con las Reglas retiradas, por lo que los titulares pasan a San Hermenegildo, posteriormente los Servitas y finalmente en San Julián, donde vuelven a recibir culto. Los sayones y el romano del primitivo paso son cedidos a una hermandad de Guadalcanal, pero con la refundación se recuperan, a excepción del soldado romano.

En 1975 se produce la primera salida procesional tras más de 30 años de ausencia. Esta vez, lo haría en Sábado Santo, y desde la Parroquia de San Bartolomé. Ese año acompañarían al Señor los sayones primitivos, de Sanjuán, más tres figuras estrenadas: un centurión de Álvarez Duarte, un romano de Emilio Pizarro donado por la Hermandad de la Lanzada, y el famoso sayón negro de Castillo Lastrucci, y propiedad de la Esperanza de Triana, que tras ser restaurado fue devuelto, ya en 1999.

Años después, a finales de los 70, cambia la disposición de las figuras, pues son tres las que se van a situar delante del Señor, que queda dispuesto en el centro de la escena. En el año 1979, el romano que se situaba por delante del Cristo aparece detrás, dialogando con el sayón que porta la sentencia. “Hubo un intento fallido de cambiar las figuras del misterio por otras de Navarro Arteaga, proyecto presentado en 1994 y que concebía cuatro nuevas figuras y el sayón negro. Sin embargo, el proyecto no fue aprobado y se abandonó la idea”, apunta Jesús Luengo. En 1979 se culminan dos fases del tallado total del canasto: la crestería y los respiraderos, bajo diseño de Antonio Martín Fernández. Los candelabros pertenecían a la Hermandad de Montserrat, y figuraron en el misterio hasta 1984. En esta imagen contemplamos la delantera y la disposición de las imágenes previamente descrita. El misterio sale de la Parroquia de San Esteban, donde se refugió por mor de la lluvia, viendo frustrada su estación de penitencia.

En el Cabildo de Oficiales del 15 de septiembre de 1997, Manuel Vicedo, hermano mayor por aquel entonces, comunica a la Junta la pretensión de un hermano anónimo de costear todas las nuevas figuras secundarias, que se encargarían al imaginero Manuel Ramos Corona, levantando multitud de críticas por parte del responsable del Departamento de Patrimonio Histórico-artístico. Finalmente, en 1998 se estrenan las figuras de dos romanos, uno portando los dados del sorteo y otro la espada y el pergamino, un sayón que desnuda al Señor y un cuarto que ofrece a Jesús el vino mirrado, “con una actitud burlesca que contrasta con el rostro más serio y comedido de las restantes figuras”, afirma Jesús, historiador del arte. Este año sería el primero sin el famoso sayón negro de la Hermandad de la Esperanza de Triana.

En 1999, se incorpora un nuevo sayón que se coloca por delante del Cristo. Ramos Corona propone a la Hermandad finalizar el paso con dos nuevas figuras, proyecto que se aprueba en cabildo de 2002. El 24 de marzo de aquel año, Domingo de Ramos, se estrena el sayón con un martillo que clava el INRI en la parte superior del madero.

Hasta el día de hoy, el misterio no ha sufrido ninguna modificación y se conserva tal y como se gubió en el taller del escultor sevillano. Por tanto, Jesús Despojado de sus Vestiduras aparece acompañado por seis figuras secundarias: dos soldados romanos, dos sayones que proceden a desnudar al Señor, y un tercero ofrece un cáliz con vino mirrado. Al fondo de la escena, el último sayón clava la inscripción que identifica al hombre que redimirá a la humanidad: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum.

Lastrucci: El artista revolucionario

“Se trataba de tomar del modelo vivo lo esencialmente humano y luego divinizar la expresión”. Todo estudio, análisis y apunte queda relegado a un plano secundario cuando se rescatan las palabras de los autores, siempre sintetizadoras y claves. Así definía Antonio Castillo Lastrucci la base artística de su estilo, tan prolífico en Andalucía y España y tan renombrado pasado medio siglo. Se cumplen 50 años del fallecimiento del imaginero (1882-1967) y su obra permanece vivísima y latente, si es que alguna vez dejó de serlo.


Su tocayo Antonio Susillo, que poseía un taller justo enfrente de su hogar, sembró en el joven Lastrucci la semilla del tallado, del relieve, del busto y la figura, de la arcilla y la terracota… el maestro apreció al instante las cualidades del alumno y no dudó en desarrollar y potenciar sus prematuras dotes para la imaginería, si bien Castillo mantenía firme sus aspiraciones taurinas. Susillo inoculó en su aprendiz la preferencia por el modelado y las esculturas de temática civil, aspecto fundamental para que Lastrucci se dedicara en cuerpo y alma a la profesión que ejercería durante toda su vida.

Tras pasar por varias academias y levantar talleres propios, en 1922 recibe el encargo que lo catapultaría a la fama y a la posteridad. La Hermandad de la Bofetá requerirá de sus servicios y Antonio, con cuarenta años, realiza el misterio que hoy día sigue procesionando de la iglesia de San Lorenzo, una vez reorganizada la hermandad en San Román. El impacto es inmediato y trascendental: la disposición de las imágenes y la teatralidad de la escena crearon una nueva concepción de la imaginería religiosa sevillana.


El pueblo lo recibió con entusiasmo y los principios artísticos (imágenes hieráticas y conectadas formando un todo complejo a través de gestos y rostros, la asimilación con rasgos cotidianos y humanos…) acallaron todos los preceptos anteriores y rompieron cánones establecidos. Hoy día quizás se antoja complicado comprender la generación de aquel primer misterio, pero la universalidad que alcanzó y las puertas que se le abrieron valieron toda una vida de trabajo.


Así ocurrió también con las Vírgenes dolorosas, “castizas”, como popularmente se les ha bautizado. Simplemente, son reproducciones de la belleza de aquel presente, imprimiéndole un carácter divino pero que jamás perdió su rasgo de cotidianeidad y semejanza con las mujeres andaluzas. Y como la predilección es inevitable, Lastrucci siempre quedó enamorado de la Virgen del Dulce Nombre, pues casi con toda probabilidad le recordaba a una mujer tremendamente especial para él como era Mariquita Cos.

También trabajó el Cristo Crucificado, si bien su ideal quedaba fijado en el Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de la Hiniesta. Jamás se apartó de la estética barroca, pero optó por estilizar de alguna manera aquella anatomía: serenidad, calma, dulzura y bondad.

En un artículo para El Correo de Andalucía, firmado por José León, registra a Lastrucci como una persona “seria, amable, decente, dinámica y muy trabajadora”. Desde su taller en la calle San Vicente, donde murió hace ya 50 años, han salido infinidad de imágenes no sólo para Sevilla (misterio de San Gonzalo, Jesús de la Presentación al Pueblo de San Benito, Soberano Poder de los Panaderos, Redención, Virgen de la O y de la Hiniesta), sino también para la capital y para toda la geografía andaluza y española, pues cuenta con imágenes en Ciudad Real, Badajoz o Madrid.


Sea como fuere, e independientemente del gusto artístico personal e intransferible, Castillo Lastrucci al igual que Rodríguez Ojeda, cada uno en su ámbito, revolucionó la concepción iconográfica de la Semana Santa de Sevilla.