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Cuando canta el gallo

Cuentan las sagradas escrituras que Pedro, antes de que por tercera vez cantara el gallo, negó a Jesús por tres veces.                 Y lo hizo ante Él, que lo observaba con su mirada de paz, viendo cumplido aquello que aseveró Jesús tras la Última Cena. Antes de que Jesús pronunciara esas contundentes palabras, Pedro había dicho: “yo moriré por ti”.

El discípulo le asegura a Jesús que será capaz de hacer el máximo sacrificio, la muerte por El. Y sin embargo, un rato después, lo niega sin miramientos cual si no lo hubiera visto jamás. Es sin duda un misterio, el misterio del Carmen Doloroso, necesario en nuestra Semana Santa y por ende en nuestra vida cristiana. ¿Cuántas veces hemos sido Pedro?  Hay dos formas de serlo. Una primera, es muy clara y directa: negar nuestra fe por algún motivo.  Puede ser vergüenza o el deseo de ser aceptado lo que nos lleve a socavar nuestra fe. Seguro que existe quien no lo haya hecho, y hace bien por supuesto, más seguro que alguno de nosotros lo hemos llegado a hacer.

La otra forma de negarlo a Él quizá es más complicada de ser consciente de que se está haciendo. Simplemente  es salirse de su palabra, negarlo y no dejarnos ayudar en momentos de dificultad. Cuando dejamos de ser solidarios, justos, de amar al prójimo, estamos negando a Jesús, porque diciéndonos sus seguidores no estamos siguiendo su camino, lo estamos negando de forma implícita.

Cuando el gallo canta por tercera vez, cual si fuera un aviso, es porque hemos negado a Jesús, por eso hay que escucharlo.