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Mes de mayo, Esperanza Nuestra

El mes de mayo es un mes dedicado a la Virgen María. Un tiempo que coincide con la Pascua y en el que la Iglesia nos invita a mirar a Nuestra Señora, después de haber acompañado con Ella a Cristo en los momentos de su Pasión, Muerte y Resurrección. El mes de mayo es el momento en el que los cristianos nos volvemos especialmente a Nuestra Madre dirigiendo a Dios nuestra oración de alabanza y petición a través de Ella. Y también, mayo es un tiempo en el que podemos aprender y meditar sobre alguna de las muchas virtudes de la Virgen María, a la vez que le pedimos que nos haga parecernos cada vez más a Ella, para así poder llegar a alcanzar las promesas de su Hijo Jesucristo.

Precisamente por las circunstancias tan particulares que vivimos este año, merece la pena que dediquemos un tiempo a meditar sobre una virtud de Nuestra Señora que, no en vano es una de sus grandes advocaciones cofrades: la Esperanza. Y es que, pese a que nos encontremos casi en el ecuador de la Pascua, creo que este año todos nos sentimos un poco sumidos en una especia de Sábado Santo, en el que no acabamos de vislumbrar la luz refulgente de la mañana de Resurrección. Por ello, sin duda la Virgen de la Esperanza puede ayudarnos a vivir este tiempo, a la vez que se muestra dispuesta a protegernos y cobijarnos bajo su manto hasta el momento en el que pasen estos nubarrones que siguen acechándonos.

Para ello es necesario que consideremos cómo viviría Nuestra Madre aquel primer Sábado Santo de la historia. Probablemente en ella se entremezclarían dos sentimientos: el dolor y la esperanza. El dolor por la pérdida de su Hijo Jesucristo en unas condiciones tan dramáticas, y la esperanza en que, sin que ella supiera como, aquella historia no podía terminar en el sepulcro, puesto que la fe le hacía confiar en que Dios es más fuerte que la muerte. Un dolor que se traduciría en duda y miedo (que no están reñidas con la fe y la esperanza). Dudas sobre la llegada de aquel tercer día que su corazón ansiaba con todas sus fuerzas. Miedo de que los discípulos se dispersaran, de que la predicación y la entrega de su Hijo no llegaran a fructificar en testigos fuertes de su Evangelio. En el fondo, un dolor, un miedo y unas dudas semejantes a los que hoy sentimos nosotros. Dolor por la ausencia aquellos que nos han dejado y por los efectos situación económica que comenzamos a sufrir. Dudas sobre la llegada de esa ansiada “nueva normalidad” que no terminamos de ver clara. Y miedo de que esta pandemia no se encuentre erradicada del todo y volvamos a sentir sus latigazos, así como de que no podamos hacer frente a la crisis económica que se nos viene encima.

Pero, a diferencia del resto de discípulos, Nuestra Señora afrontó aquellos sentimientos de dolor, duda y miedo desde la esperanza que brotaba de su fe inquebrantable. Así, podemos imaginar que, durante aquel Sábado Santo, la Virgen María oraría intensamente a Dios, pidiéndole que le ayudara a entender todo aquello que estaba pasando y sobre todo a sobrellevarlo desde la fe. Y podemos imaginar que aquella fe y aquella esperanza harían que se acercara a los discípulos y a las santas mujeres, llevándoles también el ánimo y el consuelo que necesitaban. En definitiva, aquel Sábado Santo la fe y la esperanza de Nuestra Madre mantuvieron firme y congregada a la Iglesia en un momento clave y especialmente difícil.

Por ello, en este mes de mayo deberíamos mirar a Nuestra Señora y decirle desde lo más profundo de nuestro corazón: “¡Vida, dulzura, Esperanza Nuestra! A ti suspiramos gimiendo y llorando, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús!” Con el deseo de que su fe y su esperanza iluminen este extraño Sábado Santo que estamos viviendo en plena Pascua. Estoy seguro de que Ella, con su amor de Madre y su esperanza de discípula nos ayudará a sobrellevar el dolor, el miedo y las dudas que hoy se albergan en nuestro interior. Y que, junto a Ella, de su mano y bajo su manto, lograremos por fin gozar de la luz pascual que, pese a todo lo que estamos viviendo, está alumbrando a nuestro mundo.