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La Madrugá del 2000: una herida abierta

El próximo 21 de abril se cumplirán veinte años de uno de los acontecimientos que irremediablemente han marcado la Semana Santa de la contemporaneidad: los sucesos de la Madrugá del 2000. No es una efeméride cuyo recuerdo sea agradable, pero sí necesario teniendo conciencia de una sombra alargada que, lejos de difuminarse, ha reaparecido ocasionalmente con mayor o menor éxito, dejando sus consecuencias en nuestra Semana Mayor y en el público que forma parte de ella.

Los hechos

Aquella Semana Santa destinada a ser la de la transición entre dos centurias y dos milenios, una de las últimas con la peseta circulando como moneda legal, arrancó con la lluvia como protagonista, imposibilitando la salida de la joven hermandad de los Dolores de Torreblanca el Sábado de Pasión y desluciendo el Domingo de Ramos. Décadas después, la Borriquita volvió a salir de noche, precediendo a aquel Cristo del Amor al que Joaquín Caro Romero había exaltado una semana antes en uno de los grandes Pregones de la Semana Santa de Sevilla.

Pero aquella Madrugá iba a cambiar el transcurso de esa Semana Santa y el de todas las que habrían de seguirle. La noche transcurría con normalidad, con la Macarena portando el manto camaronero que cumplía cien años, y el Cristo de las Tres Caídas por el pasillo central de la Campana deleitando como de costumbre al público. Al fondo, las cámaras pudieron enfocar cómo la Virgen de la Concepción se sumergía en la penumbra de Alfonso XII.

Estamos en el intervalo entre las 5:15-5:30 de la noche. En ese momento ya se están produciendo carreras en la Plaza del Duque procedentes desde Lasso de la Vega. Altercados que parecen frenarse rápidamente hasta el punto de que La Campana no se ve apenas afectada pues las cámaras de Canal Sur Televisión siguieron retransmitiendo el elegante discurrir del misterio trianero. En la emisora de Radio de la misma cadena sí dan cobertura al extraño suceso y ya se escuchan expresiones como “jóvenes corriendo” o “un hombre con un cuchillo”. No obstante, la situación tiende a la calma.

Una calma que no duró mucho. La primera gran avalancha que las cámaras captan se produce a unos metros del palio de la Esperanza de Triana cuando entraba en O´Donnell. Son los mismos instantes en que la Banda de las Tres Caídas es arrollada tras el misterio, ya en los primeros metros de Sierpes. A partir de ese momento, todo es pánico y caos reflejado en imágenes de nazarenos, músicos y espectadores corriendo, gritando, resguardándose en portales. Estampas como la del nazareno de los Gitanos que portaba el Guión corriendo por el Duque buscando su cofradía. Las cámaras visualizan cómo el paso del Señor de la Salud queda quieto, y prácticamente aislado, en la Plaza de la Encarnación mientras la multitud huye despavorida. Llegan noticias de otros lugares donde se producen altercados similares: la Magdalena, San Antonio Abad, El Museo, Sor Ángela. Y una pregunta se repite ¿qué pasa?

La situación de las hermandades

Estos altercados empiezan a desarrollarse en un momento en el que las seis cofradías de la Madrugá se encontraban, de ida o de vuelta, en el entorno de la Carrera Oficial. Es por ello que los seis cortejos se vieron afectados. La crónica que El Correo de Andalucía realizó del suceso el Domingo de Resurrección, situó hasta siete focos de estampidas:

  • Primer foco: situado en Lasso de la Vega y Trajano hacia la Plaza del Duque, afectando a los primeros tramos de los Gitanos.
  • Segundo foco: en la confluencia entre Sierpes y Pedro Caravaca en dirección O´Donnell, afectando a la Esperanza de Triana, una cofradía que sufre varias avalanchas, y donde se contemplan escenas de gran dramatismo.
  • Tercer foco: Laraña-Sor Ángela de la Cruz, en dirección hacia La Campana, afectando a los Gitanos. El pánico en la estrechez de Sor Ángela fue tal que hasta Juan Miguel Ortega Ezpeleta, entonces Hermano Mayor de la cofradía, abrió las puertas de su cercana vivienda para resguardar allí al público que huía sin saber muy bien el motivo.
  • Cuarto foco: Alfonso XII-Silencio, afectando al paso de María Santísima de la Concepción, ya cuadrado y detenido ante la puerta de San Antonio Abad, siendo arrollado todo el cortejo litúrgico que le acompaña.
  • Quinto foco: Plaza del Triunfo, en dirección Plaza Virgen de los Reyes y Avenida de la Constitución, afectando al Calvario, un cortejo que apenas se descompuso a pesar de sufrir varias acometidas.
  • Sexto foco: Cuna-Cerrajería, en dirección al Salvador, por donde pasaba la hermandad de la Macarena y se vieron avalanchas que empujaron a nazarenos y armaos por doquier. El Banderín de la Juventud se rompió en tres pedazos.
  • Séptimo foco: Plaza del Museo-Zaragoza, en dirección Gravina donde se encontraba el Señor del Gran Poder. El amplio cortejo de la cofradía de San Lorenzo sufrió la histeria de un público que rumoreaba, por el Museo, que había un toro suelto por las calles.

Todas estas  avalanchas, que en algunos enclaves se repitieron hasta cuatro veces, se encuadran en el margen horario entre las 5:15-6:00 de la mañana. A esa hora los cortejos se recomponen y las cofradías continúan su recorrido, pero con el trauma de lo vivido, que provocó que un importante número de nazarenos y espectadores regresaran a sus casas atemorizados. Numerosas contusiones y crisis de ansiedad persistieron. Solo hubo cuatro ingresos y, milagrosamente, ni un solo fallecido. Pero la Madrugá se había roto.  La Noche más grande de Sevilla no volvería a ser la misma desde entonces.

La investigación y el carpetazo

“Investigar hasta el fondo” era el título del editorial de El Correo de Andalucía el 23 de abril, Domingo de Resurrección. Entre las líneas de ese editorial se recoge lo siguiente: …por las crecientes referencias de testigos presenciales que se van acumulando y por las grabaciones televisivas, hay indicios racionales que apuntan a que pudo ser una acción coordinada y simultánea de distintos grupos que decidieron desencadenar el pánico entre la masa humana…

Algunos de esos testimonios los recoge el conocido periodista José Luis Garrido Bustamante en el recomendable libro “Madrugada de Pánico” donde analiza estos hechos, que vivió como nazareno, intentando aportar su propia visión. Testimonios que apuntan a grupos de jóvenes corriendo para sembrar el caos. Otros señalan que escucharon expresiones desencadenantes como “el hombre de la pistola” o “el hombre del cuchillo”.

La primera declaración oficial, sobre las 6:10 de la madrugada, vino de parte del entonces delegado de Seguridad Ciudadana, José Gallardo, llamando a la tranquilidad y señalando el origen de los altercados en la explosión de una tubería de agua en la calle Jesús de la Vera+Cruz.  Pero pronto quedaron en evidencia las diferencias existentes entre la Delegación de Gobierno en Sevilla y el Ayuntamiento de la ciudad.

Los primeros, que no emitieron un comunicado al respecto hasta las tres de la tarde del Viernes Santo, defendían que todo había sido originado por un hombre borracho, detenido posteriormente en la Avenida de la Constitución, que había sacado un cuchillo para atemorizar a la gente que se encontraba rodeándolo. Esta postura fue respaldada por la Policía Nacional. Por su parte, desde el Ayuntamiento se defendía la tesis de los grupos organizados, basada en testimonios y en la incredulidad sobre el hecho de que la acción de un solo individuo tuviera repercusiones en zonas más alejadas donde también hubo tumultos. Esta postura fue respaldada por la Policía Local. Versiones opuestas de las que también se hico eco ABC en el número del 23 de abril.

Y, a pesar de todas las controversias, pruebas contradictorias, testimonios (algunos adornados de elementos fantasiosos), la vía judicial terminó dando un carpetazo al asunto de la Madrugá del 2000. Así, Garrido Bustamante señala que Tras dos meses de investigación, el titular del Juzgado de Instrucción número cuatro de Sevilla…concluía que, de las investigaciones policiales llevadas a cabo bajo su potestad, y en las que se habían tomado declaración a unos doscientos testigos, no se derivaban ni culpables ni hechos delictivos y, por lo tanto, resolvía ordenar el archivo de las diligencias. Una decisión que no recurrió el Fiscal Jefe de la Audiencia pero que sí contó con las discrepancias del delegado de Seguridad Ciudadana, José Gallardo.

Las consecuencias

Sin olvidar la creación del CECOP en 2001 por parte del Ayuntamiento que regía Alfredo Sánchez Monteseirín como organismo que ayudara a la coordinación y seguridad de los desfiles procesionales, las consecuencias más notables se han podido contemplar en el número de personas que han asistido a los desfiles procesionales de la Madrugá.

Así, desde el año 2000, se han visto Madrugadas con escaso público. Otras con algo de mayor afluencia pero se trata de un público cauteloso, que rezonga ante cualquier sonido cuya naturaleza resulte extraña.  Se cuestionó el concepto de la bulla que sabía gestionarse en sus propias masas. Todos estos efectos negativos han sido impulsados sin duda en las réplicas que la Madrugá del 2000 ha tenido, siendo la más agresiva de todas la de 2017, pues originó un importante número de heridos así como una histeria colectiva que se extendió por el casco histórico de la ciudad, afectando, como la del año 2000, a los cortejos de las seis cofradías de la jornada. Y no solo hay que tener en cuenta al público que se queda en casa hasta que amanece y la luz del día alienta a buscar el regreso de las cofradías de capa. También es importante el número de hermanos  de las cofradías de esta jornada que han dejado de vestir la túnica de nazareno por el infausto recuerdo de estos hechos.

Veinte años se cumplen de aquel suceso que cambió la Semana Santa. Desde entonces los planes de seguridad, las vallas, los aforamientos y otras medidas han sido una constante en las páginas cuaresmales de los medios de comunicación. Por todas estas razones, por ese pellizco de inquietud que no tiene nada que ver con la emoción de ver acercarse a tus devociones, merecía la pena escribir este reportaje sobre unos sucesos que vinieron para marcar el nombre de la Fiesta Mayor de Sevilla.

Bibliografía y fuentes utilizadas:

ABC (editor), La Semana Santa según ABC de Sevilla 1997-2012, Sevilla, 2012.

-EL CORREO DE ANDALUCÍA, nº 23 abril 2000, pp. 4-9.

-GARRIDO BUSTAMANTE, José Luis, Madrugada de Pánico, Editorial Castillejo, Sevilla, 2000.