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La luz de María en el ecuador de mayo

Olvidado y difuminado por completo aquel jueves donde el sol relució por su ausencia. Todo seguía igual, y en el compás de la espera ha seguido floreciendo la primavera. El cielo azul de ayer disipó todas las dudas y todo recuerdo aciago. Parecía mentira. Solo treinta días separaban aquella tormenta de ángeles enfurecidos de aquellos que ayer revolotearon el aire perfilado de la sien de María.

Sin corona, libre y sincera, humana y perfecta, puso rumbo ayer tarde la Virgen de los Ángeles hacia la Catedral de Sevilla. A las siete de la tarde se abrieron las puertas de San Roque, parroquia donde ha celebrado sus cultos preparatorios, para saludar a una calle Recaredo que presentaba un ambiente festivo y animado. Sin presencia policial, ni vallas, ni aforamientos de ningún tipo. La Virgen anduvo a un ritmo pausado pero sin detenerse, cumpliendo el horario en la medida de sus posibilidades y a sabiendas de las circunstancias del acto. En su paso de palio, que ha permanecido levantado desde el Jueves Santo, la Virgen se encaminó hacia San Esteban y la zona de la Alfalfa con la luz hiriente de mayo dibujando su sonrisa en las mejillas sonrosadas y en la mano recién florecida. El palio, obra cumbre de la Semana Santa en cuanto a personalidad, ejecución y originalidad, brillaba aún con más majestuosidad tras su restauración por parte del IAPH.

La primera de las muchas petaladas que recibió la Virgen tuvo lugar en la calle San Esteban, antes de llegar a la Parroquia donde la corporación del Martes Santo recibió bajo el dintel ojival de la iglesia la visita de la dolorosa. Campanilleros y más petaladas para una fusión total de estilos. La Banda de las Nieves, con un repertorio alegre y propio para la ocasión, intercalando marchas de todo tipo, interpretó magistralmente sus composiciones con potencia y claridad a pesar de la lejanía que los separaba del palio, dada la ingente cantidad de devotos que se agolpaban tras aquellos ángeles de marfil que parecían sujetar el aire con sus finísimos dedos. El mudéjar, el modernismo del París de finales del XIX, el barroco de la Virgen… Concentración de siglos en los ojos de María Santísima.

La tarde se desvaneció cuando la Virgen llegó a la Alfalfa. Empezó poco a poco a incrementarse la afluencia de público y los hermanos de la Salud, imagen letífica que procesiona el próximo domingo desde la Costanilla, brindaron con petaladas y pancartas con las coplillas del maestro Solís el rostro ya anochecido de la Virgen. Poco a poco se fue encendiendo la candelería del palio que, a pesar de que salió completamente encendida, se apagó en la calle para volver a encenderse cuando cayó la noche. La intimidad de Francos precedió el júbilo de la Cuesta del Bacalao. Entretanto, siendo ya las 22:50 de la noche, la Cruz de Guía abrió la puerta de palos y casi tres cuartos de hora después, sobre las 23:35, hizo su entrada en la Catedral la Virgen de los Ángeles tras casi cinco horas de procesión. Una vez coronada, regresará a su capilla de los Ángeles acompañada por todos los devotos, vecinos y hermanos que se acerquen a quitarse esa espina de aquel Jueves Santo que cayó en el hondo pozo de la memoria desgraciada.

Noche de primavera en la que los ecos de aquellos negros, fundadores y mantenedores de esta hermandad que rebosa los seiscientos años de historia, resonaron con fuerza en la piedra desgastada de la Catedral. Y seguro que allá arriba, el color inquieto y fiel de aquellos angelitos hoy vierte su paleta en la ciudad de María para recordar que, en el fondo de su blancura y su claridad, yace y se cuece el rubor de dos sonrientes ojos negros.