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‘Estrellas de la Mañana’ Así es el Cartel de Cinturón de Esparto, obra de César Ramírez

Brevemente y teniendo en consideración el perfil figurativo, conceptual y simbolista de las obras religiosas que preceden los trabajos de César, desde un punto de vista histórico, artístico y teológico, indicarles que la obra que acabamos de descubrir es alegoría pura del alma evaporada hacia la luz eterna y metáfora de un canto de alabanza letifica de la Virgen María.


Una obra de evidentes matices marianos que nos evoca claramente una de las grandes letanías de la Virgen, la de Estrella de la Mañana. Una Estrella de la Mañana que por un lado se hace advocación en la dolorosa del Domingo de Ramos, y por otro lado, se hace canto de alabanza letífica en la silueta sonriente de la Esperanza Macarena, aquella que es Estrella de la mañana, esa estrella que el genuino Rodriguez Ojeda plasmó en la bambalina trasera del palio de la Macarena.


Y si ustedes se fijan, la Estrella porta en sus manos un relicario en forma de también de Estrella, lo que remite a Maria como Estrella de la Mañana, aquella que nos guia con su luz entre las zozobras de los mares de la vida a ese puerto seguro que es Jesucristo, siluetea do dentro del relicario en el perfil del Señor de las Penas. Un Jesucristo que es citado en el Libro del Apocalipsis como la mismísima Estrella de la Mañana, y que viene a decirnos que Jesús en la misma gloria descendida que no solo quita las penas, sino también los pecados del mundo, para a través de la virtud teologal de la Esperanza, anclarnos para siempre a la vida eterna….


Una vida eterna que queda apuntada en la parte superior del cuadro mediante etéreos pétalos de flores, todo un perfume celestial que impregna nuestros corazones cuando pasa la Macarena…

Una vida eterna apuntada en la parte superior del cartel que, además, va evaporando el alma tan impalpable, pero a la vez tan presente, de un artista irrepetible de la fotografía y de la vestimenta de imágenes sagradas, Pepe Garduño, que aún habiéndonos dejado, ha dejado la estela de su estilo inconfundible atrapada para siempre en el mismo olor de esos pétalos celestiales…en el mismo olor a gloria con el que vestía a los dos luceros del alba de su corazón, María Santísima de la Estrella y Nuestra Señora de la Esperanza Macarena.


Y para terminar solo me queda dar las gracias a todos los componentes de Cinturón de Esparto, de una manera especial a Manolo Giráldez, por su cariñosa invitación y por supuesto, dar la enhorabuena, una vez más a mi buen amigo César, deseando que ese talento en forma de pinceles celestiales que Dios ha puesto en sus manos, siga iluminando caminos de fe, guiado siempre por esa Estrella de la Mañana, que él mismo, creo que sin saberlo, hoy nos presenta por triplicado en esta maravillosa obra.

Pablo Borrallo