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Hablemos de capataces…

En nuestra tierra somos de olvidar rápido, nos gusta menospreciar y desbancar a gente que antes se alababa y se «endiosaba».

¡Qué pronto olvidamos y pasamos página, de gente que han hecho una labor buena, exquisita en una cofradía y que en vez de darles un homenaje, se les desprecia y se les olvida!

Hermandades que destituyen a capataces, por el mero hecho de que les estorban en sus aspiraciones de buscar el cargo de hermano mayor o el miedo que se les profesa, pensando en una «revolución» que les pueda desbancar del poder de la hermandad.

Personas que con labor callada y buena voluntad, son capaces de resucitar cuadrillas que estaban muertas y gracias a su buen hacer, hicieron que ese palio o ese misterio, fuera verdaderamente bien.

¿Hoy en día cuántos capataces se preocupan de como se hacen la ropa los costaleros? ¿Cuántos ven si la faja del costalero está bien ceñida a la cintura o constriñe las costillas con el riesgo de lesión que puede ocasionar eso?

Capataces, que suben al “escalafón” de una manera que no se explica nadie, pero que los ves ahí, en la “cima”, porque son capaces de tirar de cientos de “amigos del costal” y que siguen como ciegos al capataz, allí donde se le llame, para sacar un paso que está en horas bajas de “hermanos costaleros”.

Las juntas de gobierno, no se preocupan de buscar la solución al problema de la escasez de hermanos costaleros, la solución más fácil es buscar una cuadrilla de fuera, tirada por un capataz que la traiga, así matan dos pájaros de un tiro, se quitan el problema, antes contado de la imaginaria «revolución» de los hermanos costaleros y sacan el paso en la salida procesional. Poco les importa que en esa cuadrilla, ninguno sea hermano, poco les importa que la hermandad no crezca en hermanos, “su solución, la solución” es la más rápida y fácil.

He conocido a muchos capataces en mis años de costalero, y pocos me han llamado la atención, por la preocupación por querer hacer hermandad en la cuadrilla, en querer luchar para que todo saliese bien, para que los costaleros, estuvieran bien fajados y con la ropa bien hecha. Preocupados porque los costaleros no se hicieran daño en una levantá, y que cuidaban al extremo a las personas que íbamos debajo.

Precisamente, estos capataces, por lo general, hoy en día, o no están  mandando pasos o están delante de un solo paso, olvidados por las cofradías que desprecian, el trabajo bien hecho, el calor humano y el cuidar a los “hermanos” que van debajo.

A las Juntas de Gobierno, solo les interesa el número de personas que arrastre el capataz de turno, sin importarles si pueden hacerse daño debajo, porque no se les enseña, porque no se preocupan de ellos.

Quiero dar mi ánimo a los capataces que de verdad se preocupan de que el trabajo sea el correcto, que sienten la Semana Santa como algo maravilloso y no como un trabajo que les va a reportar halagos y que les da “fama” en el mundo de las cofradías.

Esos capataces que ayudan a la hermandad a buscar a bandas de música, buenas bonitas y baratas, que luchan para que la hermandad, tenga algo decente en la calle, que quiere a los sagrados titulares con fe,  devoción y no como un escaparate, quiere a los costaleros como “hijos” suyos y le enseña que esto no es sacar un  paso es algo más.  Ese capataz que quiere integrar a las personas en el mundo cristiano, que ayuda a que den cursos de catecumenado y que no se sienten más importantes que las juntas de gobierno.

Por esos capataces, que no llenarán los coloquios de cuaresma, pero que están ahí, de ellos si merece la pena escribir.

 

(Fotografía Tomás de la Yglesia)