Blog

Doce Varales de Plata

Doce varales de plata cobijan como si fueran los propios apóstoles a María que son testigos del dolor de la Madre…

Sería difícil describir en estas palabras los palios sevillanos pero haremos una rápida visión, como si fueran los cincos misterios del rosario, cinco palios de diferentes estilos. Maya, cajón…, diferentes formas pero con una misma función, cubrir a la Madre de Dios.

Suena Virgen del Valle…

Desde la iglesia de la Anunciación la Virgen del Valle procesiona en un espléndido paso de palio cuyas bambalinas constituyen el único ejemplo existente en la Semana Santa sevillana, con bordados de hojillas de plata que datan del siglo XVII, es una obra anónima adquirida a la extinguida Cofradía de Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores en 1805. Para dicho palio, y sobre un techo salpicado de estrellas realizado por Antonia Bozo en 1806, enriqueció Teresa del Castillo el resto de los motivos decorativos en 1880.

Aparece el genio del bordado, Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que es en el año 1920, el que le realizara un manto a juego en oro sobre terciopelo granate con amplia greca perimetral, cuyo elemento central representa sobre una cruz acabada en lises un espectacular escudo en sedas de varios colores con los emblemas de la Hermandad: el Real, el Pontificio y los del Cardenal Cervantes. El palio además es el más pesado de los que procesionan en Semana Santa.

Los faroles de Velasco y los respiraderos de Cayetano González. Su Candelería es de muy variado y riquísimo diseño.

La hermandad de los Estudiantes nos muestra quizás unos de los pasos de palios más impresionantes de la Semana Santa Hispalense. El paso de la Virgen es un proyecto realizado por Joaquín Castilla en colaboración con José Hernández, con algunas modificaciones posteriores. La realización del paso de palio se inició en 1943. Aunque el diseño es de Joaquín Castilla y la calidad de Emilio García Armenta, que realizó la parte de orfebrería, y el taller de Elena Caro, que se encargó de la parte del bordado del palio Universitario que hoy día podemos admirar por fin terminado.

Las caídas del palio constituyen un conjunto pleno de armonía y belleza. Las bambalinas bordadas en hilo de oro sobre terciopelo rojo está separada por bandas rectangulares con decoración abalaustrada, de las que, en el frontal y trasera, prenden bolas con remate en flecos de oro. El techo es una pieza única dentro de lo habitual en los palios sevillanos. No siendo el proyecto original ya que se modificó al gusto de esta universitaria hermandad. Consiste en dos rectángulos, el exterior a modo de cenefa muy decorada con roleos vegetales y con los bustos de los santos patronos de las cuatro Facultades entonces existentes. En el rectángulo interior, en los lados menores, aparecen los escudos de Sevilla y de las santas Justa y Rufina. En el centro la figura de María como trono de la Sabiduría Divina.

El manto procesional de la Santísima Virgen de la Angustia, realizado en terciopelo de Lyón, color Burdeos, con bordados en oro fino, seda de colores y relieves de marfil, a modo de gran capa pluvial y con el mismo estilo renacentista que conforma toda la obra del paso de palio.

El paso de palio por excelencia de la Semana Santa, hablamos del mayestático paso que cobija a la Madre de Dios, la Esperanza Macarena. Una perfecta armonía del “genio” Juan Manuel Rodríguez Ojeda, siendo el cuarto palio que posee la hermandad, el primitivo (de orfebrería) se encuentra en Aracena y el otro lo posee la hermandad de la Estrella de Triana.

En 1907 se realizaría la majestuosa candelería de plata. En 1913 se bendice la Corona de oro de ley que le ofrenda la Hermandad a la Santísima Virgen de la Esperanza, diseñada por Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Juan Manuel ejecuta nuevos faldones en terciopelo granate y al año siguiente Manuel Seco Imberg realiza los candelabros de cola. En 1930, Juan Manuel realiza un nuevo techo de palio en terciopelo granate y que en su Gloria representa las virtudes teologales.

En 1936 se realizan nuevos varales en plata de ley de estilo renacentista, según diseño de Cayetano González Gómez. En 1941 los Sucesores de Caro inicia los trabajos de enriquecimiento del palio. En 1964 se sustituyen las caídas del palio que serán bordadas en oro fino sobre malla de oro, con igual dibujo que el anterior, realizando estos trabajos el Taller de Sobrinos de Caro. Esperanza Elena Caro borda en 1967 los nuevos respiraderos, en oro sobre malla.

Actualmente la Esperanza Macarena posee tres mantos de salida. En la madrugada del Viernes Santo de 1900 se estrena un manto de terciopelo verde con bordados en oro y sedas de colores sobre malla de oro, que lo borda Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Esta obra crea una gran revolución por la originalidad de la malla, conociéndosele como “el manto de malla” o “camaronero”. En 1930 estrena la Virgen de la Esperanza un nuevo manto verde de tisú igualmente ejecutado en el Taller de Ojeda. Por último, con motivo de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen se borda un nuevo manto para la Virgen en terciopelo verde, según el diseño de Fernando Marmolejo, que es realizado por Esperanza Elena Caro.

Mención especial requiere el paso de palio de María Santísima de la Concepción de la hermandad del Silencio, la Madre y Maestra de las hermandades hispalenses, donde procesiona esta imagen de Dolorosa. Un exquisito y singular paso de rica orfebrería donde se conjugan con singular armonía elementos inspirados en estilos artísticos diferentes como son el neobizantino o el neorománico.

Las bambalinas del palio cambian los habituales terciopelos bordados en oro por frisos de orfebrería finamente labrados de los que penden una fina hilera de medallones a juego, que se coronan superiormente por una abultada y fantástica crestería tallada con claro regusto bizantino.

Esta Dolorosa sevillana luce, anualmente, en su estación de penitencia, saya morada, tocado de encaje y manto de terciopelo azul. Los bordados a hojilla y setillo fueron realizados en 1916 en el taller de Hijos de Miguel del Olmo, según diseños de Herminia Álvarez Udell. El techo del palio y los faldones también fueron realizados en los talleres de Hijos de Miguel Olmo y se estrenaron entre los años 1919 y 1922. Los bellos dibujos de sus bordados mezclan motivos y elementos barrocos con otros de tipo mudéjar.

El paso de María Santísima de la Victoria de la hermandad de las Cigarreras tiene bambalinas exteriores y manto diseñados de Pedro Domínguez basado en la fachada plateresca del Ayuntamiento de Sevilla y en la Sacristía Mayor de la Catedral. Las bambalinas exteriores fueron bordadas por Emilia Salvador Ibarra en 1894, y el manto por Juan Manuel Rodríguez Ojeda entre 1895 y 1898, ambas piezas ejecutadas originalmente en oro y sedas sobre terciopelo negro y pasadas a burdeos en 1928 por José Caro. El techo es diseño de José Fe Escalona, ejecutado en repostero sobre terciopelo burdeos por Francisco Farfán en 1925. Los faldones son diseño de Gómez Millán, ejecutados en el taller de José Caro en 1928.

El manto ha sido pasado a nuevo terciopelo en dos ocasiones, en 1980-1983 por el taller de Carrasquilla, y en 1997-1998 por Fernández y Enríquez, que además le realizó una importante restauración. Los faldones fueron pasados a nuevo terciopelo burdeos por el Convento de Santa Isabel en 1983, así como las bambalinas exteriores e interiores (1984-1985).

El techo del palio fue realizado nuevamente siguiendo fielmente el diseño de 1925 también en Santa Isabel en 1984-1985. Los respiraderos y la peana son de Cristóbal Ortega entre 1895 y 1896, siendo los primeros los más antiguos de la Semana Santa de Sevilla. Los varales en 1945, las jarras entrevarales en 1950 y los candelabros de cola en 1955 son obra de Fernando Cruz Suárez.

En la delantera del palio figura una imagen de la Inmaculada Concepción, patrona de las Reales Fábricas de Tabacos, del taller de Orfebrería Triana. La candelería es de Orfebrería Triana de 1990. La corona de salida, en plata sobredorada es de Manuel Seco Velasco en 1969. Los bordados del paso de palio fueron restaurados en 2012 por Jesús Rosado.

Doce varales de plata se mecen al compás de una marcha, las bambalinas acarician al recto varal como si dos amantes se fueran a besar, cordones de oro y seda rompen en estallidos creando una melodía de ensueño que termina al final de cada chicotá, un mecío que en cada palio no es igual pero que tienen la misma pasión, aliviar el dolor de María en su mayor Aflicción.