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Ya todo tiene sentido

Resucitó. Cristo ha resucitado en Santa Marina para darle sentido a la vida. Empieza la vida donde acaba la oscuridad. Ya sonó allí Amarguras, el principio del fin ya ha acabado. El principio del fin sevillano, donde todo empieza, pero nada acaba.

Hace unos días, Sevilla era víspera. Esas vísperas que se viven tan intensamente enhebraron la forma de lo que estaba al llegar. Bellavista con su Dulce Nombre, Pino Montano con su virgen del Amor, cada barrio engalanado. En Triana la Pasión y Muerte del Señor, por Heliópolis con buen son, el Santísimo Cristo de la Misión. Ya solo quedaba en la primaveral noche de viernes de Dolores, El Cristo de la Corona saliendo del Sagrario al centro de la ciudad. Los naranjos en flor, las ganas de la gente, la vida en la calle, todo surgió con normalidad.

Pasó el primer día y se sucedió al Sábado de Pasión, parecía increíble e inevitable que solo un día antes ya hubiéramos vivido los primeros nazarenos por la urbe. Parecía mentira que ya todo estaba tomando su curso. Como el día anterior, los barrios tomaron su protagonismo, y así fue como la Milagrosa inundó Ciudad Jardín, el misterio de Nuestro Padre Jesús ante Pilatos cautivó a Torreblanca, Nuestro Padre Jesús de la Caridad por las calles de San José Obrero, Nuestro Padre Jesús de la Salud y Clemencia de Padre Pío por Palmete, Nuestro Padre Jesús del Divino Perdón por Alcosa, y Jesús del Amor en su Divina Misericordia en las calles de San Jerónimo. Cada uno de ellos por los barrios que le da el nombre a cada una de sus hermandades. Sevilla era barrio y así fue su gozo.

Y por fin, llegó el día más esperado. Se consumió el instante e hileras de nazarenitos blancos bajaron entre palmas y de la mano de sus padres por la rampa del Salvador. Parece que era ayer cuando los legionarios del Porvenir llevaban la Paz cruzando el parque, cuando Molviedro Despojado pasaba por Sevilla al compás de la Laguna, cuando las Penas de Cristo eran acompañadas por la gracia y la Esperanza de su madre, cuando el Señor nos bendice la Eucaristía en su Humildad y Paciencia, Cuando una Magdalena lloraba la Buena Muerte de Dios en San Julián, cuando las Penas de una Estrella cruzan Triana para darse a Sevilla, cuando la Amargura de una madre en San Juan de la Palma la causa el Desprecio a su hijo, cuando el Señor muere por Amor en el Salvador. Cuando todo acaba con la Virgen del Socorro enfila a su templo con La Madrugá, cuando todo se empieza a marchitar. La plenitud de la Luz del día nos hizo ver que, al caer la noche, ya no había vuelta atrás, la espera se volvía y empezaba otra vez a contar.

Llegó el Lunes Santo y consigo la Salud del Barrio de León. En Triana nació un día puro y de sol, la Fuente de Salud en San Gonzalo se repartió a su paso, el Soberano Poder andando siempre de frente ante Caifás. Emoción en la Salida del Polígono, con su Cautivo y su Virgen del Rosario, por el reciente fallecido Hermano Mayor. En otro punto de la ciudad, nazarenos del Tiro de Línea de la hermandad de Santa Genoveva ya estaban en la calle, con su reciente palio restaurado, la Virgen de las Mercedes y el Cautivo ponían rumbo a la Santa Iglesia Catedral. La Redención de Jesús entre un Rocío de lágrimas, una rosa que crece desde san Andrés en la mano del Cristo de la Caridad, la humildad que ofrece a Sevilla cada componente de la hermandad de la Vera Cruz, la fe por bandera. Las Penas de vuelta con su Virgen de los Dolores, las Aguas volviendo al Arenal con una virgen niña bajo palio vestida de hebrea. Ya solo queda la solemnidad de una virgen de un Museo que llora Agua por la plaza de Molviedro, pura sevillanía. Otro día pleno y lleno de vida que anunciaba desde el principio una jornada única.

Los días pasan y se nos van de las manos. La nostalgia empieza a caer en nosotros en cada vuelta hoja del libro de mano. El día empieza temprano, el Dolor de una Virgen por el Desamparo y abandono de su hijo desde el Cerro, la calle feria lleva en ella a la Gracia del Amparo de una madre a su hijo, Dios se hace Estudiante bajo la Angustia de su madre por el Postigo, San Esteban en su salida, apretada pero siempre de frente hacia el Buen Viaje de los Desamparados. El día va finalizando, ya de vuelta María Santísima del Dulce Nombre contempla la bofetá a su hijo en San Lorenzo, San Benito por la Alfalfa es presentado a Sevilla, muere en su Sangre y se encarna en su madre. La noche se adentra en lo más profundo ya, Santa Cruz ya está por la Alcazaba y la Candelaria por sus jardines de Murillo alumbrando Luz con Salud a cada uno de sus pasos. Todo está ya escrito, todo llega, todo pasa.

Llegamos al punto de reflexionar y de ser conscientes que todo va de frente. Ya no se puede parar el reloj. El calor es más intenso a medida que pasan los días, un lujo poder vivir días tan esplendidos pero una carga añadida a la penitencia. La Sed de los nazarenos de Nervión acompañan a su Cristo en un día duro en el caminar donde encuentran el Consuelo de su madre. Llega la Virgen del Carmen, y sus túnicas características, navegando por la calle Trajano al son del gallo y de las tres negaciones de San Pedro. El barrio del Arenal está de gala cuando salta al ruedo, luto torero que envuelve a la Caridad en una Piedad de Soledad. Otro barrio sencillo, con una larga saga de Toreros en su historia, lleva por Sevilla haciendo el paseillo la Salud de su crucificado y el Refugio que lo cobija. Cristo del buen fin con una centuria a su cargo, en San Martín, una lanza gótica que atraviesa a Dios el costado. Ya cae el crepúsculo, Remedios para las siete palabras que dijo el Señor antes de morir y unos Panaderos que prenden a Jesús en Orfila. Madre de Dios clama al cielo, su hijo ha muerto en San Pedro.

Previas y vísperas de la Madrugá. Pasan los días y no lo podemos evitar, viviendo intensamente cada instante, cada cirial que asoma por una esquina, cada sonrisa que regala los niños monaguillos, cada cansancio penitente de cada nazareno. El Jueves Santo se plaga de Mantillas de luto por las calles de la ciudad. Los negritos a su paso por Recaredo con la alegría de la Virgen de los Ángeles, en las cigarreras, Dios fue azotado y salió Victorioso, cerca de Santa Catalina, fue Exaltado en la Cruz en un llanto virginal. Por trajano ya viene Orando en el huerto, con un Rosario, el señor de Montesión. No muy lejos del centro de la ciudad Dios desciende en la Quinta Angustia de su madre. Ya se anuncia por Bellas Artes un Valle de Lágrimas. Y cuando aún no ha caído la noche, bajo la Merced de María, la Pasión del Señor ilumina el caminar con su cruz, sobre un manto de claveles llegando al Salvador.

Cae la noche, y sin más, llega la Madrugá. Llegó ante nuestros ojos, se hizo noche eterna en las vías de la capital. Obviando los altercados que ensuciaron y marcaron la jornada, todo marchó su curso debido, todo fue con el Dios que está en San Lorenzo quiso. El mayor dolor de María y la Concepción de San Antonio Abad acompañadas siempre. Los nazarenos primitivos marcaron el pulso y el reloj que siguieron las largas filas de tramos macarenos. Las Esperanzas quisieron que todo se quedase en un susto. En Triana no se dejó de marcar su son, en la calle Parras la Sentencia llegó. El señor de la Salud dio para todos y cada uno que la necesitó. Las Angustias fue al final aquella que iba bajo palio, el Calvario solo fue el que salió y entró de la Magdalena. La fe está antes de todo, el amor de Sevilla a lo suyo, más aún.

Amanece la mañana de Vienes Santo, y con ella, se lleva todos los sustos y malos ratos. Otro día para disfrutar de la oportunidad que se nos brinda al cofrade. Esto se acaba, pero… todavía no. Bajo un sol caluroso del arenal romántico sale a lucirse la túnica de nazarenos más elegante de Sevilla, el misterio de la Carretería ya está en la calle. Detrás, una soledad que viene desde un convento en San Buenaventura. Dios hecho gitano expira en la cava, seguido del jorobaito de Triana, que va tras su paso. Desde el centro de la ciudad, el Señor cae por tercera vez, en la Magdalena de Monserrat, Jesús absuelve a Dimas. Ya solo queda desde el Convento de la Paz el Muñidor, los dieciocho ciriales y la Mortaja del Señor. El mal sabor de boca se consumió, la solemnidad se mostró en el segundo día de luto en la localidad. Todo se disipaba como si de una nube de incienso se tratase.

Se asoma el penúltimo día, las alegorías de la fe llegan a la urbe. El Sol está en la ciudad y lo guía desde el Plantinar. Los Servitas de San Marcos marcan la elegancia a su paso. La Piedad dolorosa, la Soledad bajo palio. Desde un antiguo colegio salesiano llega la Esperanza del día, la Trinidad se ha hecho Sagrado Decreto en las Cinco Llagas de Dios. Un Entierro Santo llega desde Alfonso XII, un Duelo exquisito, un cortejo magnífico, se muestra a Sevilla el entierro del Santísimo Cristo Llacente. Una azucena en un monte de lirios aparece por una esquina, viene la Soledad, ya todo es Sevilla. La vida y la muerte se unen en un misterio donde la Cruz triunfa, pero el pensamiento reflexiona. Mors Mortem Superavit.

Y al tercer día, en una limpia Aurora, Dios Resucitó de entre los muertos, se hizo la profecía. Sevilla ya está en tiempo de Glorias, porque en Sevilla la Gloria no acaba porque la Pasión es eterna. Otro año más se nos fue de las manos, ya acabó la demora. La paciencia, el aguante y la calma, todo vuelve a empezar. Una nueva dilación se nos viene, otro año para ansiar con expectación, para que todo el orden y el ciclo se complete, y retome su sentido. Si no hubiéramos vivido lo ocurrido, no tendríamos la gloria que hemos tenido en la capital. Sevilla se volvió a hacer completa y llena de vida. Y es una gran verdad esa de que, si no vives la pasión, por mucho que te explique, si no la amas ni la sueñas desde dentro, nunca lograrás entenderlo. Toca soñar, porque no hay nada más bonito que ansiar la espera y lo que porta y transporta en ella. Se cierra el círculo, Sevilla ya es Gloria.

 

(Fotografía José Campaña)

  María Jaén Huete
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